Las prótesis están hechas a la medida del paciente / Foto: Thinkstock
El tratamiento dental, al menos en países desarrollados, siempre ha sido un gusto lujoso para muchos e inevitablemente una necesidad costosa para otros. El regateo del precio final es el pan de cada día durante la consulta privada. Un dentista tiene un margen amplio de ganancia y muchos utilizan un lema popular que dice “según el zapo la pedrada”. Es decir, que como vean la condición social del paciente, cobran sus honorarios.
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Casi siempre puede llegarse a un acuerdo conveniente para ambas partes y el tratamiento se da por hecho. Pero entre regateo y bromas suele surgir una pregunta común: “Amigo dentista, ¿tiene trabajos dentales seminuevos que yo pueda usar?”
Al principio de mi carrera esta pregunta me sonaba absurda, pero después me di cuenta de que las personas hablaban en serio. La gente realmente llegaba a buscar algo a lo que en México le llamamos “gallitos” o “cosas de segunda mano”. Seguí incrédulo en que las personas realmente
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