Mi hijo es el más bueno: se aguanta todo

El nene tiene que ser bueno, responsable y portarse bien. Eso es lo que queremos todos los padres; que acate las normas, no discuta, no nos dé trabajo y no nos traiga problemas. Es que los adultos no podemos perder tiempo, por eso tener un chico así es lo mejor que nos puede pasar.

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Sin embargo, estos niños que no se quejan nunca, son respetuosos, responsables y acatan todas las normas, no siempre la está pasando bien.  "Lo más común es que los chicos desafíen los límites constantemente, porque tienen que comprobar hasta dónde pueden llegar", explica la Licenciada en Psicología Verónica Barca. "Si un pequeño es correcto en todo deberíamos descubrir qué le está pasando".

Según la profesional, habría que ver cómo son esos padres y por qué es tan sobreadaptado. Quizá tenga que ver con el deseo de ellos, con una mirada de aprobación. Y añade que puede haber motivos para que el chico tenga que quedar bien: "Necesita que lo aprueben y entonces inhibe su capacidad agresiva".

No necesariamente les hacen un daño conciente, pero muchas veces, sin darse cuenta, tienen conductas extremadamente agresivas con él. Por ejemplo, aquellos a los que el niño debe completarlos narcisivamente. Es decir, la perfección deseada para sus retoños en realidad tiene más que ver el deseo de sentirse plenos ellos mismos. "La exigencia hacia un chico no suele ser un acto de amor; es la angustia que le causa a ese padre la imperfección. Y esto es un grave problema para el desarrollo de la subjetividad de ese niño". La profesional comenta que si se inhibe demasiado, en un futuro podría tener dificultades para salir al mundo y adueñarse de él.

En el camino de su formación, un chico precisa explorar, probar, transgredir los límites e, incluso, desarrollar su capacidad agresiva. Esto no tiene que ver con una patología sino con una especie de motor que nos ayuda a las personas a animarnos a salir al mundo. Por lo tanto, si lo pensamos de este modo, un pequeño que se comporta siempre bien está inhibiendo un aspecto de su personalidad.

¿Cómo andamos de autoestima?

Es muy fácil confundirse pensando en lo bueno que es un niño quietito y calladito. Y no sólo ocurre en los hogares, sino también en la escuela. Para los maestros es una tranquilidad que se porten bien; pero no se dan cuenta de que hasta puede significar un grave problema, como que esté sufriendo algún tipo de violencia hogareña.

"Cada persona se conforma por una suma de factores: los hereditarios, los socioculturales, las experiencias que vive, el trato de sus familiares (a veces exigentes y perfeccionistas y otras, demasiado permisivos), incluso, hasta los factores ambientales", explica la psicóloga. Y añade que respecto de la forma de criarse, está totalmente relacionada con las expectativas de los padres o lo que ellos le trasmiten.

Por eso, un chico conforma su subjetividad de diversas maneras. Cuando está demasiado exigido, puede llegar a sentir que no cumple con las expectativas de las personas que más quiere y así comenzar a sentir que los demás son mejores. "Esto tiene que ver con una valoración personal y lo lleva a reprimir su capacidad creativa, sus ansias de conquistar el mundo". El resultado es un chico con baja autoestima, que tiene miedo de mostrarse como es.

Este problema puede trasladarse también a su círculo social. Por ejemplo, en la escuela se junta con amigos que tienen una propensión a dominarlo. La psicóloga dice que en esos casos es necesario tomar cartas en el asunto e ir a hablar con los docentes para manejar la situación. Lo mejor es hacerlo entre los maestros y los padres, porque ocurre que a veces hay modelos de sometimiento dentro de la estructura familiar. "Asimismo, habría que dialogar para entender qué tipo de miedo puede tener del otro, que necesita obedecer. No todos los círculos socioculturales son idénticos. Quizás en su casa fue criado amorosamente, como si estuviera en una cajita de cristal, y luego se encuentra con pares que son más agresivos".

Entonces, un niño tan bueno, ¿debería preocuparnos? "Lo que hay que distinguir es si para el padre es una preocupación o se siente orgulloso de que sea así", aclara Barca. En caso de que esté preocupado, lo mejor sería preguntarle qué le está pasando. No necesariamente a través de una charla, sino por ejemplo haciendo juegos de opiniones u otro tipo de recreación.

De todas formas, el tiempo puede curar algunas heridas. "A veces, durante la adolescencia tienen la posibilidad de cuestionar todo y eso origina un giro". A medida que crece, el chico empieza a tener grupos de pertenencia diferentes a los de la familia y puede ir identificándose con otros modelos. "Es una oportunidad para reacomodar la historia con respecto a una madurez física, psíquica y neurológica. Muchas veces logran hacer cambios importantes", concluye la profesional.

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