Juega como hombre, gana como mujer

Aprende sus reglas, aplícalas a tu modo / Fotos: ThinkstockAprende sus reglas, aplícalas a tu modo / Fotos: Thinkstock

Texto: Mariana Israel

Un tema polémico: Las ventajas de los hombres sobre las mujeres en el mundo corporativo.

Una teoría: ellos conocen mejor las reglas del juego. Gail Evans analiza en su libro Play Like a Man, Win Like a Woman (Juega como un hombre, gana como una mujer) todos los motivos por los cuales las mujeres perdemos la competencia en el mundo laboral, y aporta consejos prácticos sobre cómo jugar para ganarla.

La teoría principal del libro es que los varones están acostumbrados al ámbito exigente y competitivo desde pequeños. Influenciados por el deporte, están más “entrenados” que nosotras en el trabajo en equipo, el planteo de objetivos, el respeto por las reglas y otras características esenciales de un líder corporativo.

El planteo de Evans, exvicepresidenta de la cadena CNN, es que las mujeres tenemos mucho que aprender del denominado “sexo fuerte” para manejarnos en el mundo empresarial.


[Relacionado: Las mujeres y el estrés laboral]

Mundo jerárquico vs mundo horizontal

En la base de estas diferencias de comportamiento en el mundo laboral, yacen distintas formas de ver el mundo en los ojos de las mujeres y de los hombres. Inés Dates, licenciada en psicología, señala en entrevista con Yahoo! Mujer que nosotras “vemos el mundo como una red horizontal de relaciones”, en la cual cada engranaje vale. Ellos, en cambio, valoran la independencia, que les permite insertarse en un mundo dividido en estructuras sociales jerárquicas.

Nosotras buscamos la interdependencia y ellos, la autonomía. Dates afirma que los hombres juegan mirando el tanteador, fijándose constantemente dónde están situados en la jerarquía y buscando cómo ascender rápidamente. “Respetan el juego de subir ellos y bajar los otros, y lo juegan explícitamente, mientras que las mujeres se castigan a sí mismas y a otras por sentir que les importa, y lo juegan con ambivalencia”, destaca.


¿Nos hace falta competir más?

La competitividad es mala palabra en los grupos femeninos porque no se valora el hecho de “ganar”; lo crítico es la química del equipo. Para los varones es exactamente lo contrario: ganar es lo único que importa.

“La mentalidad femenina, que define el mundo en el marco de la conexión, no prevé un oponente legítimo –describe la Lic. Dates–. La confrontación cabeza a cabeza es desalentada. Para las mujeres, competir con otra se convierte en un proceso un poco clandestino y a veces una aventura peligrosa”.

En síntesis, las reglas del juego de las mujeres entre sí no encajan con una estructura jerárquica masculina que abunda en el mundo corporativo. De hecho, el “todos estamos juntos en esto” es la antítesis del “que gane el mejor” de la jerarquía.


Nadar o hundirse

Al entrar en entornos de trabajo jerárquicos, Dates aconseja “luchar”. “Observa el comportamiento de tus superiores y los de tu propio rango. Finge hasta entender, toma decisiones, acepta riesgos. No esperes comentarios, instrucciones, estímulos o ayuda. Para ser aceptada y recompensada, debes tener éxito, inicialmente, por tu cuenta”, sintetiza.

Las mujeres solemos restarle importancia a los resultados. Mejor dicho, nos parece que ellos los sobrevaloran demasiado. ¿Cómo ponernos “a su nivel”?


[Relacionado: Mal en la oficina, mal en casa ]


Las claves de Evans

Evans aporta en su libro varios consejos clave para salir a flote en el mundo de los negocios:

• Ama tu trabajo. Evans escribió: “Si puedes amar tu vida profesional, estarás jugando igual que los hombres. Amar lo que haces te empodera. Te hace más inteligente y te posibilita convertirte en una visionaria. Te ayuda a transformarte en la mejor mujer de negocios que puedes ser”.

• No siempre ofrezcas ayuda. “Hazlo solamente cuando estés segura de que la tarea es una oportunidad de desarrollo profesional”. Ya sabes lo que dicen: les das la mano y te toman del codo. No exageres tu voluntarismo.

Habla fuerte y sé concisa. En una presentación es claro verlo: la voz de ellos llena el lugar (así se aseguran que todos los escuchen) y sólo les toma 15 minutos. A la mayoría de nosotras nos da miedo levantar la voz (así nos enseñaron: "una dama no habla a gritos") y podemos extendernos por una hora entera, haciendo perder el interés de la audiencia.

• Presume tus logros (o como dicen: "cacarea tu huevo"). Si el jefe camina por el pasillo de la oficina, tú te quedas en tu cubículo simulando (o no) estar ocupada. Mientras tanto, tu compañero sale a saludarlo y en menos de un minuto ya le presumió su último logro. ¿Resultado? El jefe recordará a tu colega y tú pasarás desapercibida.

• Olvídate de la culpa. Uno de tus subordinados es un desastre y tú te la pasas cubriendo sus errores rehaciendo su trabajo. Esto te quita tiempo, paciencia y foco sobre lo que realmente necesitas hacer. Bajo la visión masculina este subordinado ya estaría recogiendo sus cosas y buscando un nuevo empleo. Tú sabes que deberías buscar a alguien que te dé mejores resultados y te empuje, pero te entra el sentimiento de culpa porque lo aprecias, o porque sabes que tiene una familia, y seguirás enfrascada en ese círculo vicioso que no te dejará escalar. ¿Él? Seguramente pedirá su despido, porque es un lastre para su equipo y, por ende, para su carrera.

• Sé mujer. Aunque suene contradictorio, después de todo lo que hemos dicho en este artículo, el solo hecho de ser mujer es una gran fortaleza. Podemos ser mejores que ellos siendo quienes somos, empleando toda nuestra femineidad a nuestro favor. “Usa todos tus rasgos naturales, tu actitud ganadora, tus talentos sociales y, en especial, tu intuición”, aconseja Evans.

Si te queda alguna duda, dale una mirada a Play Like a Man, Win Like a Woman. Un libro para subrayar y releer en esos días en los que sientes que el mundo se desmorona bajo tus pies.

Fuentes consultadas: Ms. JD (ms-jd.org), Escuela de Negocios Ernest Scheller Jr. – Georgia Tech (scheller.gatech.edu)