10 preguntas para mamá

La semana pasada, mi amiga Josefina subió a su Facebook unas fotografías que me conmovieron. El álbum relataba el viaje que hizo con su madre. Ahí estaban las dos, solas y juntas después de meses de no verse. Sobra decir que se veían preciosas, tan parecidas y tan distintas a la vez. Lo que más me llamó la atención era que transmitían una suerte de comunicación irrompible, como la que existe entre dos mujeres que han tenido más de una conversación profunda y reveladora.

Al terminar de ver las fotos pensé irremediablemente en mi madre y en mí: quizás sea tiempo de hacer algo similar antes que sea demasiado tarde. Bueno, es que hasta cuesta trabajo decirlo, pero he escuchado varias historias de amigas que pierden a su madre sin haber podido conversar de mujer a mujer. Sé que parece un cliché, pero si preguntamos a nuestro alrededor, son muy pocas las que han tenido esa oportunidad. O mejor dicho: las que han podido construir esos momentos de intimidad y confesión.

Entonces me vino a la memoria un artículo que leí hace un par de años, donde Judith Newman, escritora estadounidense, planteaba diez preguntas que debía hacerle un hijo a su madre. Detalles más, detalles menos, las preguntas eran las siguientes:

1.Como mamá, ¿qué habrías hecho distinto?
2.¿Por qué elegiste a mi padre?
3.¿En qué me parezco a ti y en qué me parezco a mi padre?
4.¿A cuál de mis hermanos quieres más?
5.¿Qué te habría gustado tener que no tuviste?
6.¿Crees que es más difícil ser madre ahora que cuando me criaste?
7.¿Qué lamentas no haberle preguntado a tus padres?
8.¿Puedo hacer algo por ti?
9.¿Te gustaría que hubiese algo distinto entre nosotros?
10.¿Cuándo te diste cuenta que habías dejado de ser niña?

Al igual que en otros cuestionarios (como el de Marcel Proust, tan llevado y traído) las preguntas que propone Judith Newman no constituyen un interrogatorio para inculpar al otro, ni siquiera un formulario en busca de respuestas precisas. La intención es abrir un espacio al diálogo, poder reflexionar sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con el mundo; la intención no es juzgar, sino aprender y comprender.

Creo que hacer este tipo de preguntas supone amor y apertura, pero sobre todo madurez. Puede ocurrir que las respuestas de mamá funcionen como una caja de Pandora, y después no sepamos cómo volver a tejer el vínculo -con ella y con otras personas-. Y es que las mamás guardan en su corazón historias que quizás no estamos listos para escuchar. Para bien o para mal nuestro, SU verdad puede no coincidir con la imagen que nos hemos formado de ellas. ¿Qué tal si responde que tú nunca fuiste su preferido? O que la mujer a quien siempre llamaron "tía Chuchita" era en realidad la amante de tu padre.

Con todo, me parece que tanto el viaje como las preguntas son una oportunidad maravillosa para recuperar tiempo perdido y reinventar los lazos que nos unen con la vida. Más allá de que nos gusten (o no) las respuestas que recibamos, son un legado de experiencias, comprensión y sabiduría que viene de muchas generaciones atrás.

Este tipo de rituales nos plantean la oportunidad de reconciliarnos con la madre de carne y hueso, pero también con la que llevamos dentro y que es, a fin de cuentas, la que se quedará en nuestro corazón cuando parta la mujer que nos trajo al mundo.

¿Y tú, qué otra pregunta le harías a tu madre?

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